ESTO NO ES GUERRA, JUANPA

Por: Fernando Londoño Hoyos

El primer tropiezo con que nos encontramos en el camino de La Habana es la confusión que Juanpa tiene sobre el problema de la guerra y de la paz. El cree, o hace como si creyera, que tendremos paz simplemente porque algún día no tengamos guerra. Es más complicado explicarle la cuestión de la paz, un concepto que requiere disquisiciones ontológicas y axiológicas que escapan a la intención de estas líneas. Pero es mucho más fácil saber qué es la guerra, qué es un combate y en qué consiste el fuego que alguien dispara en un combate para ganar una guerra.

Lo primero que supone una guerra es la presencia en un campo de batalla, tan amplio como se quiera, de dos ejércitos, o cosa parecida a ejércitos,  que se atacan mutuamente. Si hay un solo Ejército que ataca a un pueblo, ahí no hay guerra. Simplemente es esa  la brutalidad de unos desalmados en armas que abusan de gente indefensa. Y lo que hacen no es abrir fuego, sino cometer barbaridades.

Esta primera aproximación al tema, que confirma cualquier diccionario que tome usted en sus manos, querido lector, nos pone en el camino de entender que en medio de una guerra, o en medio de la paz, hay muchas cosas que no pueden calificarse manifestación de guerra o de fuego cruzado en una guerra.

Así lo han definido leyes internacionales que han contado con muchísimas confirmaciones de países de las más variadas tendencias políticas y organismos internacionales que se ocupan de estos temas. Así lo predicaba, incluso, la Cruz Roja.

Robarse un niño para esclavizarlo sexualmente, o para corromperlo enseñándole el pérfido arte de matar, no es un acto de guerra. Es un delito canalla y miserable, así se cometa contra el hijo de un combatiente, tanto más si los padres no tienen esa condición.

Asaltar una persona para robarle su dinero, no es un acto de guerra. Es un atraco vulgar, una extorsión o un secuestro. Pero eso no es fuego de guerra.

Dejar una ciudad sin energía eléctrica, sin agua potable, sin condiciones de subsistencia, no es un acto de guerra.

Volar un oleoducto, o un gasoducto, o una central atómica de fines pacíficos, no es un acto de guerra.
Atacar una ciudad con explosivos de cualquier género para matar sus habitantes o para aterrorizarlos, no es un acto de guerra.

Incendiar un bus de pasajeros para producir terror, no es un acto de guerra. No es “fuego” y quienes ejecutan estos actos no son guerreros sino bandidos o terroristas.

Sembrar bombas en la tierra para herir o matar al que la pise, no alcanza siquiera la calidad de delito de guerra, que también los hay, y muchos. Es una actuación bellaca y cobarde, despreciable, incalificable. No un acto de guerra.

Después de muchos siglos de lenta evolución del Derecho, la humanidad ha logrado distinguir los actos de guerra de los actos de puro pillaje, de mera violencia o de terrorismo. A Juanpa no le ha llegado esta noticia.

De esta ignorancia crasa, o malintencionada, quién sabe, nace el concepto de cese unilateral o bilateral al fuego. No puede cesar lo que no existe. Los delitos que se cometen contra la población civil son simple matoneo, mero salvajismo, despreciable terror.

No diga Juanpa que quiere parar la guerra, cuando se refiera a estos hechos de barbarie. Ni se le ocurra hablar de alto el fuego. Son cosas distintas que hasta usted podría entender, si se las explican despacio.

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