EL GLIFOSATO HA MUERTO…VIVA LA COCA

Por: Fernando Londoño Hoyos

Como somos tan pendejos, no nos hemos dado cuenta de las condiciones que las FARC le han impuesto a Juanpa para firmarle el papel que lo conduzca a la gloria. En este caso, no notamos que le hayan dicho que no se meta con su chequera, es decir, con la coca. Y como para estos bandidos el corazón es la chequera, encuentran discutibles muchas cosas, según se las aconseje el Cura Giraldo, pero no lo que tiene que ver con su negocio predilecto.

No nos hemos dado cuenta de que la orden de dejar en tierra los aviones para que no ataquen campamentos, se explica porque los campamentos es lo primero que las FARC montan cuando de un gran cultivo se trata. Campamentos para los sembradores, los raspachines y por supuesto para ellos, los que cuidan raspachines y sembradores. Las FARC estaban muy molestas porque de tarde en tarde les volaban alguno de sus campamentos y les ponían en dificultades el manejo de su negocio.

Los bombardeos tienen mucho que ver, quién no lo sabe, con el trasiego de la coca. Porque transportar toneladas supone riesgos y los riesgos se superan con muchos guerrilleros. Esos muchos que no podían reunirse cuando los aviones de guerra hacían aquello para lo que se fabrican y se compran, que es para tirarle bombas a los enemigos. De modo que tenían que convencer a De La Calle y a Jaramillo para que convencieran a Juanpa de que hiciera lo que hizo, ordenar que los aviones se quedaran como piezas de museo. Nos dimos cuenta, por pendejos que parezcamos.

Nos dimos cuenta, desde hace un rato largo, que de sus fortunas gigantescas no se habla. Miles de millones de dólares por año, que se ganan con la cocaína, no merecen una palabrita en La Habana. Porque no puede decirse. Con la billetera de los bandidos no te metas, Juanpa.

No nos dimos cuenta, avispado Juanpa, de la manera tan hábil como saliste del paso de aquella encrucijada en que estabas, la de la extradición que piden los Estados Unidos de los que le meten la cocaína a sus ciudades.  Obama no notó que al hermano de Fabián Ramírez, el jefe máximo del cartel de la cocaína, no lo quisiste extraditar. Y como lo hiciste sin protesta del bobo del norte, ya quedó sentada la jurisprudencia: para las FARC no hay extradición por narcotráfico.

No nos dimos cuenta, de puro pendejos, de la manera tan tierna como negociaste con las FARC el tema de los cultivos. Porque conviniste con ellas, en papel que ya lleva las ilustres firmas de tus plenipotenciarios, que serán los guerrilleros supuestamente desmovilizados, los que en un proceso paulatino y sin término, como los contratos de Petro en Bogotá,  convenzan a los campesinos para sembrar cacao, palma u hortalizas en lugar de coca. Mientras tanto, en veinte, treinta o cuarenta años, se les tolerará la mata que adoran. Es como poner a “Madame” a convencer a las niñas bonitas que maneja que dejen ese negocio tan feo y se dediquen a coser o a bordar. ¡Qué ingenio el tuyo, Juanpa!
Pero tus contertulios son insaciables, ya lo habrás visto, y desde hace rato venían mostrándose molestos con las fumigaciones  de glifosato, el único herbicida conocido para practicar esas fumigaciones. Si hasta dijeron que era criminal el uso de ese producto, que se esparce en casi todos los cultivos lícitos del país, de los Estados Unidos y de cualquier parte.

También era enternecedor, dicho al paso, oír a los máximos depredadores del medio ambiente en el mundo, los que talan por año miles de hectáreas de bosque irrecuperable, los que riegan los ríos con ácido sulfúrico y otras bellezas, los que vuelan los oleoductos cuando les da la gana, defendiendo la naturaleza. Las maravillas que logran De La Calle y Jaramillo, Juanpa.

Pues prohibiste el glifosato, y tan pendejos como somos no nos dimos cuenta de que fue por orden de las FARC, para que puedan dedicarse a sus anchas al bello negocio que tanto te gusta, según rumores persistentes.

Es que no podía arriesgarse a los seres vivos que rodean los cultivos de coca a que contrajeran un buen cáncer. A los micos, a las culebras, y por supuestos a los sembradores, raspachines y guerrilleros, que otros no hay por aquellos andurriales. Claro que de pronto el glifosato afecta a los usuarios del producto y ahí sí cunde la alarma hasta en la Casa de Nariño.

En suma, Juanpa, que ya hiciste todo lo que debías hacer para convertir a Colombia en el más grande país de la mafia cocalera en el mundo. Y  sin Referendos, ni Asambleas, ni Congresos. Todo por tu cuenta, Juanpa ilustre. Y no lo hemos notado, pendejos que somos.

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