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TRIZAS Y AMENAZAS

TRIZAS Y AMENAZAS
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Por Fernando Londoño: 

Para poner en antecedentes al lector, habremos de recordar que en la Convención del Centro Democrático dijimos que el papel de las 312 páginas que contiene la entrega del país a las FARC y al comunismo, deberemos volverlo trizas antes de que trizas nos haga lo que el papelucho contiene.

No se hicieron esperar las respuestas de los mamertos favorecidos con el tal Acuerdo, empezando por los dos grandes Sanchos de la guerrilla, Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo. Esos tristes personajes de la tragicomedia colombiana nos han condenado a muerte o en el más leve de los casos a cárcel a perpetuidad. 

Por enemigos de la paz nos trataron los amigos de De La Calle y Jaramillo que nos pusieron una bomba lapa para salir de nosotros de una vez. Nos salvó San Miguel Arcángel de morir como murieron nuestros dos escoltas. Pero la notificación fue estruendosa y contundente: al que se oponga lo mandamos matar. Y punto.

Así lo hicieron con la comunidad del Club El Nogal, hombres mujeres y niños que estos amigos de la Paz asesinaron en febrero de 2.003, quedándose cortos en el intento, porque un error de cálculo permitió la supervivencia de cuatrocientos o quinientos de estos desalmados contradictores de De La Calle y Jaramillo.

Enemigos de la Paz fueron los 129 habitantes de Bojayá que buscaron lo que se llamaba en el medioevo el “refugio en sagrado”, en la humildísima iglesia del pueblo. Los hombres de Márquez no toleraron semejante vileza y los quemaron vivos, a 49 niños entre ellos.

Enemigos de la Paz eran Guillermo Gaviria Correa y Gilberto Echeverri Mejía, asesinados a sangre fría después de horrible cautiverio que empezó cuando hacían una marcha por la paz.

Cómo declarar sino enemigas de la paz a más de once mil niñas campesinas que se robaron de sus casas estos próceres para convertirlas en sus esclavas sexuales, embarazarlas a la fuerza y a la fuerza obligarlas al aborto. 

Malditos enemigos de la Paz deben llamarse los miles de campesinos, hombres mujeres y niños que han caído destrozados, con sus piernitas partidas, sus oídos rotos, sus ojos cerrados para siempre por las minas que los amigos de quienes nos amenazan, De La Calle y Jaramillo, han sembrado por las tierras de Colombia.

Cuántos enemigos de la Paz entre los miles de niños y adolescentes castigados en las ollas del microtráfico, que siguen patrocinando estos promotores de la nueva sociedad colombiana. La esclavitud de esas criaturas a la cocaína y al basuco es peor que la muerte. Pero todo sea por la Paz de Colombia.

Qué otra cosa, sino enemigos de la Paz, eran cuando menos dos mil quinientos colombianos que las FARC secuestraron, por los que pidieron y en la mayoría de los casos obtuvieron rescate y de los que nunca volvió a saberse nada. Para estos promotores de la Paz, se la tenían merecida.

Ahora somos enemigos de la Paz los que no queremos que los amigos de las FARC expulsen de su tierra a los propietarios legítimos que nos han dado de comer por generaciones. Nada como una Reforma Agraria a la Cubana, a la Venezolana, con diez millones de hectáreas prometidas a los amigos de Jaramillo y De La Calle.

Los que nos negamos a aceptar que el Congreso de la República, tan discutido y discutible como se quiere, quede al mando de una Comisión de Seguimiento compuesta por el propio Jaramillo, por tres miembros de las FARC y por Raúl Castro y Nicolás Maduro. Los amigos de la Paz deben apurar hasta la última gota de ese cáliz sin decir palabra.

Como tampoco cabe palabra contra una nueva Administración de Justicia que integrarán tres extranjeros simpatizantes de la ETA de España, de los Montoneros argentinos, y del Sendero Luminoso del Perú. De la Calle y Jaramillo nos amenazan con esa nueva santa inquisición reservada para sus contradictores, los enemigos de la Paz. Está dicho en el Acuerdo, téngase presente.

Como está dicho que quienes por cincuenta años han cometido el repertorio de crímenes más horripilantes de la historia humana no paguen un día de cárcel y lleguen al Congreso sin votos para garantizarnos la paz marxista leninista, como lo han dicho sin ambages.

 A favor de ese papel que queremos hacer trizas  se pronunció en el Plebiscito el 17% de los colombianos. El 83% lo compone la legión de los que votamos en contra, de los que se abstuvieron a pesar de todos los halagos y amenazas  y que por supuesto son enemigos de la Paz. ¡A la cárcel o al paredón con ellos!

 Nos reservan el honor de ser los primeros en esta lista, Dios quiera que la última del centenar de millón de muertos inocentes que el comunismo le ha costado a la humanidad. 

 

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