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El gran chocorazo

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El gran chocorazo - 3.3 out of 5 based on 4 votes

Por: Fernando Londoño Hoyos

Más de la cuarta parte del Senado quedó en tres departamentos pequeños. Eso sí es robar en grande

Vano resultaron todos los esfuerzos para averiguar lo que pudiera decir la palabra “chocorazo” en lengua castellana. Ni rastro de ella, ni siquiera en diccionarios etimológicos que nos sirvieran de aproximación al término. El chocorazo es cosa enteramente nuestra. Pero tan universal y expresiva que no habrá un lector que no sepa, exactamente, a qué estamos haciendo referencia, es decir, al impúdico fraude del 9 de marzo, a las elecciones más sucias que el país ha sufrido en tanto tiempo, pues que en nada se comparan con otras.

Pero qué le vamos a hacer. Lo primero que en una democracia decadente se pierde es el pudor y cada partido tiene, para cada momento, los jefes que merece. Este robo electoral se ha hecho sin antifaz ni rubor. Parecería que el ladrón no ha tenido el gesto cortés de taparse la cara. Al contrario, no solo roba, sino que hace alarde del robo y lo robado.

Tenemos la prueba del fraude y la vamos a compartir con ustedes. Y no ha sido lograda de noticias encubiertas o de revelaciones extraordinarias. Nuestra prueba viene de lo que se llama la inteligencia visible, que suele ser más espectacular y concluyente. Vamos a ella.

Empecemos por un hecho insólito. Cada partido político tiene los héroes y los jefes que se merece. Y puestos a elegir entre los grandes triunfadores de estas putrefactas elecciones, a nadie le cabría duda de cómo sus  gestores principales son dos personajes del Partido de la U, naturales del Departamento de Córdoba y que extendieron sus alasde murciélago sobre todos los departamentos de la Costa y que aún tuvieron la osadía de posarse en Antioquia. Se llaman Musa BesaileFayad y Bernardo Miguel Elías Vidal, a quien cariñosamente apodan el Ñoño. No se fatigue la memoria, ni se sienta apocado, lector querido. Usted no recuerda esos nombres, porque no tiene motivo. Contestan a lista en el Congreso y agotan su tarea. Nadie les ha oído una oración completa, ni han intervenido en un debate, ni entre los dos suman una cuartilla escrita. Simplemente son eficaces en el arte maldito de reclutar votos sombríos.

Ahora caemos en cuenta de que sí puede usted recordarlos. Cuando se publicó la lista y detalles del más grande peculado cometido en Colombia, el de la enmermelada de Santos a su Congreso, aparecieron como  campeones en el recibo de aquella repugnante merced. Y ello por razón obvia. Porque el fraude se comete con los más capaces de aprovecharlo en beneficio de los autores.

Pues Besaile y el Ñoño montaron sus cuarteles en todos los rincones de la Costa y ejecutaron con primor su cometido. Consiguieron tantos votos, que lograron, con los buenos oficios de la Registraduría, convertir en victoria la apabullante derrota que sufría el Partido de la U, el del Presidente, para que hablemos claro. Y tenemos la prueba de inteligencia visible o descubierta. La anunciamos y vamos a enseñarla.

Con estadísticas oficiales en la mano, les contamos que entre los departamentos de Atlántico, Córdoba y Sucre, se comprende el 9% de la población de Colombia, regalándole unas décimas a la cuenta. Pues pásmense ustedes. En esos tres departamentos, electoralmente perezosos por vieja tradición, ha aparecido el 26%, más de la cuarta parte, de todo el  Senado de la República. Atlántico tiene el 5% de la población del país y eligió 10 senadores; Córdoba, con el 3% de la población eligió 9 senadores; y Sucre eligió 7 con el 2% por ciento del censo nacional.

Santos no es dueño de la U. La U le pertenece a Musa y a Ñoño. Y Musa y Ñoño son los nuevos dueños del Congreso. Que no se nos olvide: con la participación eficaz de otro patriarca. Se llama Yahir Acuña y de sobra es conocido de autos. Hasta para los chocorazos hay que tener cierta elegancia. El Presidente Santos no la conoce.

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Centro Democrático o un compromiso con la historia

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Centro Democrático o un compromiso con la historia - 4.5 out of 5 based on 6 votes

Por: Fernando Londoño Hoyos

Los que quieren tapar el fenómeno electoral del domingo, se refugian en una campaña presidencial que empezará el domingo, precisamente.

No tiene votos, decían los críticos cuando repasaban la lista del Centro Democrático, que es la de Álvaro Uribe Vélez, para que hablemos pronto y con claridad.

Y de eso se trataba, precisamente. De una lista con gente que no fuera dueña de votos, que es como decir que no fuera dueña de almas esclavas. Gente nueva, gente distinta, gente dispuesta a la tarea titánica de reconquistar la opinión pública para el Congreso y para la Política.

Con el Presidente Uribe llega al Congreso una generación nueva, la Generación del 14, como la hemos venido llamando. Hombres y mujeres cargados de títulos académicos, de especializaciones apasionantes y de invencible amor por Colombia. Hombres y mujeres que llegan de todos los rincones de la República, para transformarla y para abrirla a los vientos de la modernidad. Para darle cimientos sólidos y duraderos a un país que no puede seguir siendo el último en todo: en infraestructura, en educación, en salud, en seguridad, en justicia.

El Parlamento se llena de voces ilustradas, de debates serios, de proyectos redentores. Y de parlamentarios que no se conquistan con la mermelada infame de los puestos, los contratos, las canonjías y los ventajismos de todo género. Abran paso, señores. La Generación del 14 toca la puerta.

El Presidente Uribe sabe lo que significan las mujeres en la vida de esta Colombia nueva. Y por eso viene al Senado y a la Cámara con un aporte femenino que nunca registró nuestra historia. Después de su nombre, el número 1 del Senado, vienen cuatro mujeres. Y entre las 40 curules que el pueblo elegirá, la mitad es de mujeres. ¡Pero cuáles mujeres! Cuánto talento y cuánta ilustración en esa admirables personalidades. Educadoras, politólogas, internacionalistas, juristas, filósofas, agrónomas, sociólogas, con títulos nacionales y casi todas con especialidades en las mejores universidades del mundo.

La mujer ha dejado de ser un adorno. La mujer se integra plenamente a la conducción del Estado. Abran paso. El Centro Democrático significa la revolución femenina. La de verdad. La más plena y la más noble. No más mujeres llenando cuotas.

Y no falta la experiencia. Pero la buena experiencia, que es la de la sabiduría acumulada. Como la de Uribe. Para citar solo dos ejemplos de muchos posibles, el más prestigioso especialista colombiano en temas de defensa y seguridad, Alfredo Rangel, y el mejor de los financistas y tributaristas de Colombia, Oscar Darío Pérez, vienen con estos jóvenes a templar ardores y multiplicar enseñanzas y a recuperar el prestigio y la dignidad del Congreso.

Lo que tenía que pasar, está pasando. Hasta los encuestadores menos sospechosos de uribismo, los de Datexco y del Centro Nacional de Consultoría, le dan más de treinta senadores al movimiento que será partido luego de este bautizo emocionante. El triunfo de Uribe, que será el triunfo de una Colombia nueva y distinta, será arrollador. Y no en nuestras cuentas, insistimos. A los repartidores de noticias no les ha quedado sino un recurso para tapar con las manos este sol que alumbra y calienta las esperanzas del país. Hablar y hacer cálculos sobre una campaña presidencial que no ha empezado, es el burladero donde se refugian los aterrados comentaristas.

Este fenómeno colosal no solo supone la recuperación de la política como quehacer valioso y digno, sino el comienzo de una campaña presidencial sobre bases nuevas. A nadie se le ocurrirá hablar de candidatos sin relación a los congresistas que los acompañen. El fenómeno Uribe Vélez del 2.002, no tiene repetición posible.

¿Y de quién es el Centro Democrático? De gente como usted. De gente que quiere un horizonte nuevo para la Patria, que no sea el castro chavista que le tienen recetado.

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Santos en su laberinto

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Santos en su laberinto - 4.8 out of 5 based on 16 votes

Por Fernando Londoño Hoyos

Sin saber a qué horas, Santos se quedó irreparablemente solo. Apenas le queda Maduro: ¡qué consuelo!

El problema de los laberintos no está a la entrada, sino a la salida. Los ambiciosos se pierden para siempre buscando el tesoro, y nunca se sabrá si lo encontraron. Los pilotos chambones  se matan mirando adelante, sin verificar los caminos de retorno. Por eso no entendimos la jugada de declararle amor al Comandante Chávez, cuando ya el sol caía a sus espaldas. Que Santos era desleal, lo puso en evidencia; que jugaba fuerte a las cartas, nadie lo ignoraba; pero que insensato, era dato nuevo, en la sorprendente biografía de Don Juan Manuel.

Cuando desde su posesión declaró amistadsin reservas al tiranuelo de Venezuela, ya estaba marcado el destino de ese sorprendente amigo. Ya tenía quebrada la nación más rica de este continente y todo era cuestión de tiempo en el camino del desastre. Ya había cometido todas las locuras. Ya había hecho todos los regalos, permitido todas las truhanerías de su séquito insaciable y ya  se había arrimado a todas las violencias. ¿Por qué se metía Santos en ese laberinto?

No teníamos esa respuesta. Ignorábamos que el ludópata se estaba jugando la carta que supuestamente lo llevaría a la gloria, la de la paz con las FARC. Su hermano Enrique, el mismo que en años mozos posaba con Tirofijo, cuando al parecer no era delito sino cosa distinguida arrimarse a los bandidos, tenía preparada la escena. Cuba sería el paisaje, porque las FARC necesitaban sentirse entre amigos y porque el golpe fantástico incluía el rescate moral de los hermanos Castro. ¡Menuda empresa!

Y Santos emprendió su camino sin regreso. Si hubiera leído una página de mitología griega, se abría armado de un hilo como el de Ariadna. Pero nunca oyó hablar de esa señora. Ya vería por dónde buscar una puerta de salida.

Y Chávez se murió, después de cumplir su cometido de poner en La Habana los deplorables despojos de la comandancia fariana. Y Santos persistió en su representación, ante la mirada socarrona de los listos y el aplauso de los que se llenaban de mermelada por aplaudir. Pero el tiempo seguía su marcha implacable. Y el chavismo se enredaba más cada día, cometía más violencias, más robos, más idioteces. Y le llegó la hora final. Y Santos no sabe cómo despedirse.

Si aplaude a Maduro, se cae con Maduro. Si lo censura, Maduro le tumba la mesa de La Habana. Si no toma distancia con los Castro, se va ir a pique con ellos. Si la toma, sabrá que algunas traiciones no se perdonan. Si vuelve los ojos hacia sus amigos del sur, los encuentra más enredados  que él mismo. La Kirchner quiere renunciar, pero no puede. Correa perdió las elecciones. Del Foro de Sao Paulo no quedan sino cenizas. LaRoussef tiene bastante con sus problemas y la Bachelet es socialista, pero no tonta. Sin saber cómo ni a qué horas, Santos se quedó solo, perdido en su laberinto.

Claro que su gran problema es Maduro. Las barricadas no paran de levantarse en todas las ciudades de Venezuela. El pueblo tiene hambre y el Gobierno no tiene con qué darle ni migajas de pan. El mundo entero se hastía del tirano y Diosdado juega su propia partida. ¿Qué hará Santos cuando caiga el telón de esa tiranía? De una cosa estamos seguros. El pueblo de Venezuela no lo dejará subir al carro de la victoria. Ya lo traicionó lo suficiente.

Mientras todo esto pasa, el solitario Presidente le da algo de circo a la opinión colombiana. Le tira carne de general a los lobos, se inventa conspiraciones, ensaya promesas y busca a quién más comprar, y con quién encontrar un punto de consuelo.No sabe qué camino tomar. La oscuridad es infinita y muy cerca se oyen los bufidos horrendos del Minotauro. Ahora comprende que por su loca ambición se metió en el laberinto. No en balde puso Dante a los traidores en el noveno círculo de los infiernos.

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