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El procurador e Interbolsa

Por: Fernando Londoño Hoyos

El Procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez Maldonado, ha resuelto destituir al Superintendente Financiero, el doctor Gerardo Hernández, por cuanto a su juicio no hizo lo que le correspondía para evitar la catástrofe de Interbolsa. Y para qué les decimos, amigos. Le han llovido al Procurador rayos y centellas y al Superintendente cuantos elogios pueda recibir un alma en estos tiempos.

Conviene examinar esa unanimidad vociferante, advirtiendo que no tenemos en la mano la providencia del Procurador, en lo que vamos a la par con sus innumerables críticos.

Estará de acuerdo con nosotros, querido lector, en que Interbolsa se quebró. Estará de acuerdo en que arrastró en su caída centenares de ahorristas o inversores que depositaron su confianza en una entidad que solo merecía elogios de tirios y troyanos, y que a su respecto no se habían dado señales de que algún riesgo corrían los que llevaban su platica a tan seguro abrigo como esa corredora de bolsa prometía ser. Y estará de acuerdo en que la persona encargada de ejercer cuidado sobre esa compañía y reconocer sus riesgos y evitarlos y darlos a la luz, era precisamente, el doctor Gerardo Hernández, Superintendente Financiero.

Que el doctor Hernández no tuvo éxito en esa gestión, es cosa que no puede remitirse a duda. Dice en su defensa que los directores de Interbolsa lo engañaron, ocultando información preciosa que de conocida lo habría puesto sobre aviso.

Si quieren coincidimos en que el doctor Hernández es una exquisita persona. Que no hay sombra de duda sobre su buena fe. Que tiene larguísima trayectoria en el sector financiero y aceptemos que después de la bancarrota obró muy bien para impedir que la crisis fuera todavía peor de lo que fue. Pero el hecho es que su oficio en  la Superintendencia es vigilar las instituciones financieras y de corretaje de valores. Como Interbolsa.
Ese oficio del Doctor Hernández  consiste en darle seguridad al público que confía su dinero a entidades de esta clase. Y eso lo tiene que hacer con mano firme y ojo avizor. En otras palabras, que la tarea de ese funcionario es acertar siempre y no dejarse engañar nunca. Y se dejó engañar. Eso es lo que él mismo dice.

Y se dejó engañar por unos personajes que tenían una muy peculiar condición, la de haber sido en Interbolsa los compañeros de trabajo de su jefe directo. El Ministro de Hacienda, doctor Echeverri, venía de Interbolsa. Y de Interbolsa venían funcionarios muy destacados del mismo Ministerio, la entidad de la que depende el doctor Hernández.

No nos sumamos a los aplausos que se le tributan al doctor Gerardo Hernández. Algo le faltó. Entereza de carácter para poner en duda lo que hacían los antiguos socios o patrones de su ex jefe. O agudeza. O diligencia. O todo a la vez. Y por esa falta dejó que unos audaces pusieran en jaque el sistema de valores del país y que centenares de personas ingenuas perdieran todo lo que tenían. Nos parece que el Procurador Ordoñez ha sentado un precedente, para que los que tienen tan hermosas prendas como las del doctor Gerardo Hernández, cumplan oportunamente sus deberes. Con lo que la gente volverá a confiar en los corredores de bolsa y a invertir con tranquilidad su capital en ese tipo de empresas. Y eso no es poca cosa.

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¿Quién le teme a Álvaro Uribe?

¿Quién le teme a Álvaro Uribe? - 5.0 out of 5 based on 7 votes

Por: Fernando Londoño Hoyos

No hay cosa que nos parezca más digna de consideración que el miedo ajeno. El miedo es incontrolable, insuperable, inmanejable. Los pobres infelices que se dejan gobernar por el miedo no tienen libertad, ni son dignos, ni son razonables.

En las toldas santistas ha hecho aparición el miedo y se apoderó de esas pobres almas que no se han nutrido más que de mermelada en casi cuatro años. Y la mermelada empalaga y no nutre. De mermelada estaban ahítos los afeminados que por centenares de miles se lanzaron sobre Grecia para dominarla. Un puñado de hombre libres los echó al mar, y no volvieron nunca.

Esa sensación de pánico es la que ha lanzado al Registrador y a su Corte, los “Magistrados” del Consejo Nacional Electoral a los peores extremos de crueldad jurídica contra Uribe y el uribismo. Solo el miedo explica ese sartal de estupideces.

Un partido se identifica como le da la gana. Y de la manera más eficaz que encuentra para que el elector lo reconozca y lo siga. Pues al Partido Uribe Centro Democrático se le prohíbe que se identifique con el retrato, con la efigie y hasta con el apellido de Uribe. Y lo hacen con un argumento fantástico: el apellido y la imagen de una persona intimidan al ciudadano y rompen la igualdad con los demás partidos. De lo último diremos que el uribismo está dispuesto, sin chistar, a que el partido de la U se identifique con el retrato de Roy Barreras y de Armando Benedetti, y si lo prefieren con los dos retratos. Que el Partido Liberal engalane su eslogan con la foto de Ernesto Samper, e inclusive con la de sus dos grandes electores, los hermanos Rodríguez Orejuela. Que cambio Radical escoja entre Germán Vargas Lleras y Palacino o el Fiscal Montealegre. Y que la izquierda colombiana se decida por la foto de Fidel Castro, o la de Ortega o la de Chávez. Lo único prohibido es el uso de los símbolos patrios. Lo demás es prohibición inferida, analógica, deducida, que no existe en ningún país civilizado. La regla universal de libertad hace permitido todo lo que no está expresamente prohibido.

Para el Registrador y el Consejo, es al revés. Solo está permitido lo que a ellos les parece que debe estarlo. Criterio: su miedo a perder las elecciones. Su terror ante Álvaro Uribe y lo que el significa en la política colombiana. Por eso se atreven a decir que la foto y el apellido de Uribe intimidan al elector. Los únicos intimidados son ellos y sus barriles de mermelada a medio digerir.

Porque vale recordar aquí quiénes son esos “Magistrados”. Según nefasta norma constitucional, son representantes de los partidos mayoritarios en el Congreso. No se ha dado en la historia el caso de que un juez o magistrado sea por definición o antonomasia parcializado, para definir en Derecho las demandas contra su elector.

¿Y porqué se hacen llamar Magistrados? Porque reptando entre las curules de los congresistas, las que dependen de sus fallos, convirtieron sus posiciones de tiempo parcial y honorarios modestos, en cargos de magistrados de Altas Cortes. El día que en Colombia se estudie quién es el funcionario que más gana en relación con su trabajo, de lejos se llevan la palma.

Y tienen miedo. Mejor: tienen terror. Por eso obran como una vieja con histeria. Por eso hay que conocerlos bien, para despreciarlos mejor.

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El reportaje que dañó mezger (Las Farc creen que juegan ajedrez)

Dos Antonios, Caballero y Albiñana, colombiano el primero y buen escritor, se dice sinceramente, y español el otro, contratado por Canal Capital para este tipo de cosas, se fueron para La Habana a reunirse con los cabecillas de las FARC y a celebrar con ellos reportajes claramente encaminados a reconciliarlos con un país que los detesta y a lavarlos de toda mancha de delito.

El problema estriba en que no contaron con Mezger, de cuya existencia no tienen noticia Caballero ni Albiñana, y todavía menos los contertulios de aquella idílica función habanera. Lástima. Porque con Mezger a bordo terminan inútiles tantos esfuerzos por demostrar que la gente “muy formada” de las FARC no tiene nada de qué arrepentirse y que se puede celebrar con ella  cualquier trato que empiece por lo primero que le importa, una paz por la que no pague un solo día de cárcel.

El primer delito que quieren justificar, para quitarle la antijuridicidad que llamara Mezger, es el secuestro. Pues basta cambiarle el nombre a la criatura y bautizarla “retención”. De malas. Porque Mezger enseñó que el tipo penal nace de la descripción de la conducta, sin que importe cómo se la llame. La privación forzada de la libertad se llama secuestro, que se vuelve extorsivo si se saca o se pretende obtener provecho. Y si al Derecho Internacional vamos, la figura es una toma de rehenes, tipificada como delito de lesa humanidad en el artículo tercero común a todos los protocolos de Ginebra.

Ahora el esfuerzo va para el reclutamiento de menores. Otra vez Mezger, y el tipo penal está en nuestro código a la altura del artículo 162 y en el Protocolo II de Ginebra se lee en el párrafo dos, apartado c. Más estricta la ley colombiana, lo prohíbe para menores de 18 años y la Internacional para los de 15.

Contra esas providencias se bate la “muy formada” gente de las FARC, justificando el hecho (Mezger, sin saberlo) porque en el campo colombiano los niños se desarrollan más rápido y ya a los doce años pueden ir a la  guerra y las niñas pueden convertirse en sus meretrices sin ofensa para nadie. Mala suerte. Ni regaladas por sus madres el hecho se exculpa tratándose de mujercitas menores de 14 años y un menor es un menor, por desarrollado que parezca.

Del espantable crimen del Club El Nogal, que causó más de 100 muertos y más de 200 heridos graves, basta decir que los de la cúpula llevan 10 años esperando informes, porque nada les consta. Mala defensa. En una organización criminal los jefes o máximos responsables  pagan por lo que sus subalternos hacen. Y algo como esa salvajada no lo iba a intentar un mando medio sin consultar con la tan formada gente que Caballero y Albiñana tuvieron a la mano y de cuya ilustración y buen trato se hacen lenguas.

Del atentado en contra nuestra salieron con que no se metieron en “eso”, y quedaron perdonados por sus entrevistadores. Pero es que cuando “eso” es un acto terrorista contra persona protegida, que causa muertes y heridas a inocentes y produce terror en la población, se llama así, acto terrorista, y no tiene perdón en el orden jurídico internacional.

Las FARC están proponiendo declarar tablas. Ellos no van a la cárcel y al Coronel Plazas lo liberan por razones políticas. Y al Presidente Uribe y a sus imaginarios cómplices en la formación del paramilitarismo les perdonan treinta años de crímenes. Pues tampoco se podrá esa jugada de ajedrez. Para Mezger el que comete un delito, así como lo definió, la acción típica, antijurídica y culpable, lo paga como dispone la Ley. Y no como proponen periodistas tan acuciosos y tan poco formados en asuntos jurídico penales, que se van para La Habana sin hacerse acompañar de Mezger.

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