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EL TAL PARO………YA VUELVE

Por: Fernando Londoño

El tal paro trajo al país a una de sus crisis más agudas. Y no se trata de llover sobre mojado con otra burla a las que con justicia cayeron sobre Santos por la ceguera que le impidió ver venir semejante monstruo. Se trata de un diagnóstico confirmatorio sobre su incapacidad para notar los fenómenos sociales y para captar el alma colombiana.

Hemos tenido presidentes muy malos, y nuestra historia reciente muestra más de los que quisiéramos admitir. Pero ninguno antes con tanta ineptitud para entender lo que pasa en torno suyo, la misma que  lo lleva a cometer los más graves yerros.

Que el gabinete ministerial es muy flojo, está claro. Pero es mejor que ninguno, como Santos lo ha preferido. En medio de un oleaje embravecido, lo peor es arrojarse a las aguas.

Nada anda bien en el país. Este es uno de los momentos más oscuros de su azarosa historia. La economía, que tantas veces consolaba horas angustiosas, anda a la deriva. La inseguridad se apoderó otra vez de la Nación y lo que acabamos de presenciar es el espectáculo de una sociedad insurrecta y descompuesta. Los bárbaros descubrieron que los muros de la ciudad son ruinas y que volverán al asalto cuando quieran. La militarización no fue un acto de coraje sino imprudente muestra de debilidad y desespero.

El Gobierno había conseguido que se levantaran bloqueos en puntos neurálgicos del país. Lo que dista mucho de tener controlada la situación. Los huelguistas probaron que la dominan y que el Presidente no solo está desordenado y confuso, sino que tiene miedo, que rehúye el combate, que se agazapa y se esfuma. Se saben dueños del terreno y que tienen el respaldo de una sociedad que considera justo lo que piden y que no  condena el modo que usan para pedirlo.

Y  en medio de semejante caos se precipita la caída del gabinete. Torpe medida, al parecer nacida de la iniciativa de algún ministro y de ningún modo el resultado de una meditación profunda, o tomada como parte de una estrategia seria y largamente meditada. Había que producir una noticia para distraer al público, y se tomó nada menos que esa. La peor de todas.

Cuando escribimos estas líneas, tenemos sabido que el doctor Santos hace consultas y pide candidatos. No sabe de cuáles ministros prescindir ni a cuáles llamar en estas horas de gravedad extrema. Prueba, si faltaba, que hasta el caos se improvisa ahora. Nadie, con mente sana, aceptará el encargo de manejar algo inmanejable ni de sumarse a una causa perdida. Aunque no faltarán los que no quieran dejar pasar la oportunidad para salir en el periódico o para resucitar algún prestigio náufrago. Pero así no se forma un equipo ganador en una hora tan comprometida.

Los agricultores están defraudados e indignados. Si algo habían logrado, tendrán que empezar de nuevo. Si sentían que avanzaron, los han regresado al punto de partida. El Gobierno los ha engañado, porque los hizo hablar con los que se han ido. O con los que se han quedado heridos por mortal desprestigio. Y saben cuál es la ruta que le duele a su oponente. La acaban de recorrer victoriosa e impunemente. Y la intentarán de nuevo.

Todo esto pasa cuando los camioneros no han atravesado un solo aparato sobre las vías y cuando los sindicatos, estudiantes y opositores revoltosos apenas han hecho caminatas de calentamiento. Y cuando todos saben que los del Catatumbo imponen su ley y los del Putumayo van a seguirlos  y que el Gobierno no vacila en indemnizar delincuentes, parar erradicaciones de cultivos prohibidos y coquetearle a nuevas Zonas de Reserva Campesinas.

El tal paro está de regreso. Y el que no lo vio venir la primera vez, lo está organizando la segunda, suponemos que sin quererlo.

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LA JUSTICIA ES UN PERRO RABIOSO…....

LA JUSTICIA ES UN PERRO RABIOSO….... - 4.4 out of 5 based on 7 votes

Por: Fernando Londoño Hoyos

 ……que no muerde sino uribistas. En este país de la mermelada, donde no hay parlamentario sin empleos, o sin contratos, o sin ambas cosas, la Corte Suprema sigue muy atareada juzgando a Sabas Pretelt, a Diego Palacio y a Alberto Velásquez, porque tal vez le dieron una notaría a Teodolindo y un puesto en un hospital de Barrancabermeja a Yidis. A los de la “mesa” les han entregado el país entero. Y no pasa nada. El perro rabioso solo muerde uribistas.

La Corte sigue empeñada en buscar a los chuzadores de unas chuzadas que no existen. Las únicas conocidas se las hicieron al Presidente Uribe en Palacio; a José Félix Lafaurie se las ordenó su enemigo personal Edgardo Maya Villazón desde equipos ilícitamente adquiridos por él en la Procuraduría General de la Nación y a quien estas líneas escribe le lanzaron al aire una conversación privada desde un conocido noticiero liberal. Pero no pasa ni pasará nada. Estas chuzadas quedarán en la impunidad, porque sus víctimas y no sus autores fueron Uribe o uribistas.

Hace unos años, la misma Corte Suprema que viajaba en escandalosas farras a Neiva, Sincelejo, Santa Marta y Barranquilla, encarceló a todo uribista al que se le pudo comprar un “Pitirri” que atestiguara haberlo visto cruzando una palabra con un paramilitar. Y así recorrieron el camino del martirio figuras eximias como Mario Uribe, Mauricio Pimiento o Miguel Pinedo. Mientras tanto, los computadores de los jefes de ese grupo nauseabundo con el que se negocia hoy en Cuba, dan cuenta de contactos permanentes de sus jefes con conocidísimas figuras de la izquierda, a las que nunca las llamaron siquiera a una indagatoria. La Farc política no existe, solo porque no es atribuible a los uribistas.

Creíamos que el perro rabioso había quedado saciado. Nos parecía que en la Corte Suprema teníamos magistrados que de verdad lo fueran, libres del odio, del espíritu de vindicta, de la ferocidad partidista de los Ramírez, Ibañez y Sochas de otros días. Breve ilusión fue esa, de la que nos acaba de sacar la propia Corte, con el atropello vulgar e infame que ha cometido contra Luis Alfredo Ramos. El mejor Alcalde que tuvo Medellín, el mejor Gobernador que tuvo Antioquia, el mejor Presidente que en muchos años tuvo el Congreso, acaba de ser detenido, con humillación y escarnio públicos, para oírlo en indagatoria. No hay una orden de captura en su contra.

Los cargos contra Ramos no pueden ser más ridículos. Lo acusan de haber sostenido una reunión con paramilitares en el año 2.005, para que le financiaran su campaña al Congreso del 2.002. La misma que había ganado con la más amplia votación registrada para el Senado. Contra Ramos no hay nada, porque es una figura intachable, pulcra, rutilante en el oscuro firmamento político de la Nación.

Pero nada de esto importa. La Corte, o quienes la siguen manejando como si de un tablado de marionetas se tratara, descubrió que Ramos iba paraPresidente de la República por el uribismo, y eso fue todo. Suficiente. Probatio probatissima, decían los latinistas. Si es uribista, es culpable. Si parece destinado a la Presidencia, es culpable. Si pone a tambalear la reelección de Santos, es culpable. Así muerde este perro rabioso. ¿Cuál será la próxima víctima?

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ES VERDAD: COMO NUNCA ANTES

ES VERDAD: COMO NUNCA ANTES - 5.0 out of 5 based on 7 votes

Por: Fernando Londoño Hoyos

Alguna vez debíamos hallarle plena razón al Presidentes Santos. Porque como nunca antes logró paralizar el país; como nunca antes están rotas las comunicaciones de Bogotá con el Norte de Colombia y con Venezuela; como nunca antes llevamos diez días sin salida posible al sur del continente; como nunca antes la zona del Catatumbo, Boyacá, gran parte de Cundinamarca y del Cauca, el Putumayo y Nariño padecen la anarquía más insufrible; como  nunca antes los agricultores y los camioneros y los sindicatos y los estudiantes se han unido en protestas incontenibles.

Y como nunca antes ha sido un gobierno tan inferior a las circunstancias, tan perdido en su propia trama de intrigas, mentiras, anuncios triunfalistas y uso desbordado de la publicidad en su provecho. Lo grave de la hora no es la hora ni la gravedad que reviste, sino la incapacidad absoluta del poder público para comprenderla y manejarla.
 
El papero de Boyacá, el lechero de Ubaté, el arrocero del Tolima, el cafetero del Huila, el pequeño empresario de cualquier parte, no sabe exactamente por qué le pasa lo que le pasa. Pero todos tienen bien sabido que no producen lo que les falta para el más modesto vivir.
 
Lo que estamos viviendo era perfectamente previsible. Tanto que algunos hemos dedicado años a denunciar  que la quiebra estaba a las puertas y que una nefasta política económica arruinaría al productor colombiano. Un país pobre como éste, no puede tener una de las monedas más fuertes del mundo. En alguna parte estaba la superchería, y con seguridad algunos la aprovechaban en daño de los demás.
 
Hemos venido jugando a la revaluación del peso, causada en parte por  la mini bonanza petrolera que dejó marchando el Presidente Uribe. Pero en su porción decisiva, fundada en la especulación de los capitales golondrina que han venido a Colombia para explotar nuestro patrimonio y nuestra idiotez. Y por los ingresos malditos de la cocaína y del oro informal, el que manejan las FARC. Así de simple.
 
Y con una moneda artificiosa y ladrona, hemos llenado las estanterías de bienes importados que llegan a vil precio, derrotando al productor colombiano; algunos han escapado sus capitales para lavarlos en paraísos financieros; otros se han paseado por Picadilly Circus, Champs Elysees y la Quinta Avenida, posando de ricos; los de más allá han gozado  baratísimas vacaciones en Cancún y la Costa Azul; y el Gobierno, el gran aprovechador de este teatro, ha podido posar de rico reduciendo en proporciones fantásticas el valor de su deuda, y cuando ha querido, tomando dinero prestado en mercados de capitales ávidos de encontrar este tipo de aventureros, para llenarlos de crédito a tasas muy bajas.
 
La fiesta se acabó, señores. Ha vuelto al mundo la disciplina monetaria, o por lo menos se la ve venir. Despilfarramos una brillante ocasión para industrializarnos y en su lugar posamos de ricachones, siendo tan pobres. Y eso es lo que le pasa al papero, y al lechero, al empresario de cualquier cosa, al cafetero y al arrocero. Que están quebrados. Y el que los quebró, el Gobierno, dice que quiere ayudarlos. Menudo lío. Es como cuando el médico no sabe lo que tiene el paciente. O cuando lo sabe y no sabe curarlo. En ambos casos se muere el infeliz. Así se muere Colombia, “como nunca antes”.

 

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