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A la desesperada

A la desesperada - 5.0 out of 5 based on 2 votes

Por: Fernando Londoño H

“Expresión aplicada a las acciones que se realizan sin esperar ya nada de ellas, realmente”. Diccionario de María Moliner

Nos tendría sin cuidado el candidato Santos, si ante la derrota inminente resolviera obrar a la desesperada.  No hay candidato que no tiente la suerte en un último supremo esfuerzo por encontrar una puerta de salvación,  que es como se definen esta clase de acciones irracionales. El problema no es el candidato que se sabe perdido. El problema es el presidente candidato y el daño que puede causar en esa forma de escape de la realidad.

Santos está notificado de que el pueblo colombiano no cree en la patraña de La Habana. Sabe que no soporta que se le hable de impunidad por delitos atroces. Sabe que le horroriza la idea de traer al Congreso los salvajes que se inventó de contertulios. Sabe que no aceptaría jamás el intento de entregarles el territorio, término tan preciado por Sergio Jaramillo, su inspirador, su mentor, su guía. Y sabiéndose perdido en toda la línea, Santos trama y empieza a ejecutar operaciones a la desesperada.

De fuentes fidedignas sabemos que Santos planea llevarse para Cuba cuatro generales activos, tres por cada una de las fuerzas y el cuarto de la policía. Necesita un acto así de espectacular, para validar algunas de las locurascon que aspira a pasar a la Historia.

Los generales en activo sustituirían al General Mora, a quien no ha podido sacarle el beneplácito para reducir el tamaño de las Fuerzas Militares, para anunciar que las saca de las Zonas de Reserva Campesinas y de las que están dominadas por el narcotráfico, vale decir que por las FARC. Tampoco le sacó una palabra para poner el Ejército en plan de igualdad con los terroristas que combate.

Pero los activos son otra cosa. Porque como tales tienen la obligación de la obediencia, sea cual fuere el acto que se les imponga. De modo que  serán mas colaboradores o se van del servicio. Por eso se estudian ahora cuidadosamente sus nombres, para garantizar su conformidad a cualquier locura.

Por ejemplo, para que acepten la creación del Ministerio de Seguridad, que vendrá dotado de la Unidad de Reinsertados, integrada por los guerrilleros que se desmovilizan como tales, para pasar a esa Unidad con sus armas en la mano. Así se resuelven varios problemas de una vez, como el del castigo, el de la entrega del territorio y el de las armas. Y con el visto bueno de las Fuerzas Militares, no hay para qué proponer objeciones ni sembrar dudas. Si es lo que quieren los propios combatientes, es porque lo quiere la Nación, toda entera.

Me dirá el lector que no es posible que pase por la mente de Santos semejante locura. Pues sí. Cabe en la mente de JJ Rendón, al que Colombia le importa una higa y no mira más horizonte que el de las elecciones que llegan con fúnebres presagios. Y Santos acepta cualquier cosa que le de por lo menos la esperanza de renacer en las encuestas y de que su reelección cobre alguna probabilidad de éxito. Cualquier cosa, hasta la que contamos y manejan con poco cuidado los desesperados asesores palaciegos.

El Presidente Santos sabe que está perdido. Las encuestas son demoledoras. Pero además de las que se publican, tiene una que confirma todos los días.

Un Presidente silbado frenéticamente por los cafeteros en Chinchiná; abucheado tan ardorosamente en Cali, que no puede exponerse a un acto público en esa ciudad; rechazado tan abrumadoramente en el Pacífico, que celebra la Cumbre en el Atlántico; despreciado en Barranquilla de tal modo que inaugura su campaña amparado en la popularidad de Serrucho; detestado a tal punto en Tunja que llena la Plaza, pero de policías; y enfrentado en Envigado por jóvenes que deben ser contenidos a la fuerza, no tiene futuro. Y por eso se lo inventa, al borde del último aliento, con actos a la desesperada, como los que aquí consignamos y que no estamos inventando.

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Lo que le dijo Iván Márquez a Noticias Rcn

Lo que le dijo Iván Márquez a Noticias Rcn - 4.7 out of 5 based on 14 votes

Por Eduardo Mackenzie


13 de abril de 2014

Al Qaida se diferencia en un punto de las Farc: rechaza las entrevistas con la prensa. Sus jefes muy pocas veces  aceptan ser interrogados por un periodista. Ellos siguen el precepto que dice: “La jihad y el fusil, no negociación, ni conferencias, ni diálogo”. Esa línea fue trazada por Abdallah Azzam, el preceptor  político de Usama Ben Laden.

Para las Farc, por el contrario, utilizar a la prensa, sobre todo mediante entrevistas de complacencia, es indispensable. Eso hace parte de su instrumental político-militar. Pues el diálogo con un periodista es el mejor medio que tienen para consolidar la amenaza. También, pero en segundo orden, esos contactos les sirven para mejorar su maltrecha imagen, para facilitar sus contactos discretos con gobiernos extranjeros y optimizar las condiciones de sus reclutamientos en Colombia y en el exterior.

Las entrevistas que conceden los jefes de las Farc en La Habana, gracias al tinglado montado con la venia del presidente Santos y de los dictadores de esa isla, con el pretexto de unos falsos diálogos “de paz”, tienen esas metas y otra más: transmitir el mensaje subliminal a los colombianos de que ellas, las Farc, la estructura criminal más desastrosa del hemisferio, están más en sintonía con el país que en conflicto y en guerra con éste.

La entrevista de complacencia es un animal raro. El periodista anula en ella la distancia moral, intelectual y política que debe existir entre un miembro de esa noble profesión y un criminal. El periodista, en este caso, se sienta a dialogar plácidamente con un delincuente sin rechazar sus mentiras más insoportables, sin contra-preguntarle,  sin exigir la ampliación de ciertas frases comprometedoras, sin identificar las amenazas, etc.

La entrevista de Noticias Rcn, realizada en La Habana por el enviado especial Rodrigo Pardo (1),  le permitió a Iván Márquez  aparecer como el gran campeón, quizás como el único campeón de la paz en Colombia.  Las Farc son allí un partido decente, humanitario, que jamás comete crímenes. Estos son solo producto de la imaginación de sus enemigos. Pues el periodista se sentó a dialogar con Márquez  como si estuviera ante el Papa Francisco.

El jefe terrorista, uno de los más sangrientos e implacables de esa organización, recitó en esa entrevista 39 veces, en todos los tonos,  la palabra paz, en el sentido de que las Farc  buscan la paz de forma permanente y se sacrifican por ésta. Esa mentira no despertó la atención del periodista. Tampoco se inquietó cuando Márquez dijo que lo que buscan ellos es “una pausa en la guerra”. Una pausa, no “el fin del conflicto”.

En vista de esa inatención, Iván Márquez se atrevió a ir más lejos y llegó a asestar duros golpes retóricos. “Quien promueve la guerra debe estar loco”, exclamó Iván Márquez, como la cosa más natural.   Pues él no promueve la guerra. Jamás. Iván Márquez reiteró, más adelante,  que el belicoso no es él sino el gobierno, sobre todo el ministro de Defensa quien es, según el terrorista, “un francotirador de este proceso de paz”. Rodrigo Pardo se tragó también esa culebra.

Como le dejaban decir cosas increíbles, Márquez difundió trozos de antología de la propaganda fariana. Lanzó que no hay víctimas de las Farc sino “del conflicto”, que las Farc sólo harán un “acto de contrición” si “todos los actores del conflicto” hacen lo mismo. Para Iván Márquez, las Farc y las fuerzas del orden son moralmente equiparables.

Respecto del bárbaro asesinato a golpes de dos policías desarmados en Tumaco, el periodista le dejó decir a Iván Márquez que los “muchachos” de las Farc habían hecho eso pues esos policías eran unos “espías” y esa era la única respuesta ante la “presión militar”. Sin inmutar a su interlocutor, agregó que si él y sus comparsas en La Habana hubieran sido “consultados” al respecto, ellos habrían ordenado “la libertad inmediata” de los dos policías. Qué maravilla.

Otra perla: según Iván Márquez, los narcotraficantes no son las Farc sino “los campesinos”, que hacen eso por culpa de la “política neoliberal”. Márquez exige que Colombia no combata los carteles, ni erradique los cultivos ilícitos, ni “dependa de Estados Unidos”, sino que se dedique a “consultar con los campesinos” y a trazar “planes alternativos” para ellos (léase para las Farc).

Iván Márquez lanzó una tremenda amenaza. Mientras no haya un cese al fuego bilateral, y mientras no se firme un “tratado” con el gobierno para la “regularización de la guerra”, dijo,  la población civil seguirá sufriendo las consecuencias. Es decir, seguirá siendo atacada cobardemente, como hasta ahora. “Las Farc tienen sus proyectos en la cabeza y en el campo de las operaciones militares, pero creo que nos sabemos defender un poco de modo que eso [el cese al fuego bilateral] sería algo útil”.

El jefe de las Farc admitió ante Rodrigo Pardo que las Farc tienen “prisioneros de guerra”. Empero, el periodista no retuvo ese punto, ni pidió una ampliación de esa revelación que desmiente, precisamente,  lo que habían dicho las Farc al comienzo de las peripecias de La Habana.

La entrevista  de Rodrigo Pardo tuvo, al menos, un mérito: en medio de la avalancha de mentiras de Iván Márquez, éste soltó una frase que podría ser, quizás, la única verdad dicha por él ese día y que vale su peso en oro: que “Colombia y Cuba acordarán qué hacer si no logramos llegar a un acuerdo de paz”.

¿Qué hace esa frase en medio de una larga respuesta sobre la presencia o no de alias Simón Trinidad en “la mesa de La Habana”?

Esto quiere decir una cosa: que la negociación actual en La Habana no es entre el gobierno colombiano y los jefes de las Farc, sino entre Colombia y Cuba.

Por eso el intento de Iván Márquez de fragilizar la posición de Colombia frente a Cuba cuando Rodrigo Pardo le sirvió el tema de las “pinchadas”  telefónicas destinadas a escuchar a los agentes de las Farc en Cuba. Márquez replicó que la inteligencia militar colombiana había “violado la soberanía de Cuba”.

Según la hipótesis, Colombia estaría sufriendo, tras la mampara de las negociaciones entre Santos y las Farc, un proceso de acomodamiento entre Cuba y Colombia, a espaldas de Colombia, de su Parlamento, de sus autoridades, de sus electores, de la prensa, de las fuerzas armadas y del ministerio público. ¿No fue eso lo que le hizo Cuba a Venezuela? Cuando Hugo Chávez estaba en vida, Cuba se aprovechó de la enfermedad de ese mandatario para  arrancarle los últimos vestigios de soberanía que le quedaban a Venezuela, sobre todo sus recursos financieros y petroleros, hasta culminar en la aceptación de la llegada al país de tropas de combate y de comisarios políticos cubanos que fueron ocupando y controlando  los centros de poder de Venezuela.

Eso fue hecho de manera clandestina, a espaldas de los  venezolanos y del mundo entero. Lo único visible de ese proceso es lo que se ve ahora. La revuelta popular-estudiantil contra eso ha sido atacada violentamente y siguiendo los esquemas cubanos de represión.

Igual le sucederá a Colombia si las pretendidas negociaciones no cesan: quienes están  tratando de minar las instituciones de Colombia para que Colombia ceda su soberanía, su independencia y su economía, son los dictadores, quienes necesitan eso para evitar el colapso de la isla-prisión. Las Farc no hacen sino el papel del comodín que oculta la verdadera naturaleza de los negociados en La Habana.

A la luz de esta hipótesis las particularidades de los convenios entre Santos y las Farc muestran su coherencia. Ello explica el carácter ultra secreto de las conversaciones,  justifican el hecho de que sólo las Farc  hablan sobre lo que quieren, mientras que las posiciones de Santos ante las exigencias y anuncios de las Farc son inexistentes. Eso explica las reuniones secretas entre las Farc y dos negociadores (Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo) de las que es excluido el General Mora, información no desmentida hasta hoy.

Al final, Iván Márquez le agradece al ex ministro y periodista Rodrigo Pardo ese intercambio: “A mí personalmente me gusta hablar con personas que estén por la paz.”  Sin comentarios.

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El bumerán santista

El bumerán santista - 4.2 out of 5 based on 5 votes

Por: Fernando Londoño H

La gente no necesita que le cuenten cómo es el país en el que vive, sufre y espera. Lo sabe demasiado bien, con el saber insuperable de las vivencias.

Aprobada la palabreja por la Real Academia, el viejo proyectil de madera de origen australiano se convirtió en el “acto hostil que se vuelve contra el que lo hace”, como lo define Seco en su Diccionario del Español Actual. Pues Santos, es decir, el prócer venezolano JJRendón,  se inventó las encuestas como la forma más eficaz de golpear a sus adversarios y ahora no sabe que hacer, porque las encuestas doblaron el curso y se le vinieron encima.

Que tiene Santos encuestadores de cabecera, hasta el más inocente lo sabe; que las encuestas impresionan, es regla universalmente conocida; y que las encuestas se pueden preparar a gusto del consumidor, es cosa que por sabida a veces se calla. Pues empezaron a funcionar las encuestas como arma letal, para demostrar que el Presidente ganaría las elecciones y que nadie se mostraba capaz de estorbar ese designio. Los demás no despegaban, según las encuestas y lo repetían los caricaturistas, para impulsar las encuestas.

Con el correr de los días, hasta los encuestadores de cabecera descubrieron dos cosas: que Santos se estancaba definitivamente,  y que en ningún caso podría ganar en la primera vuelta. El estancamiento venía de la mano de otra cifra, tan pertinaz como peligrosa, a saber, que la oposición de los encuestados a la reelección presidencial llegaba de la mala imagen del Presidente y del rechazo visceral de los colombianos a la impunidad de los bandidos de las FARC y a la idea de traerlos al Congreso sin la molestia de sacar votos en las elecciones, banderas mayores y únicas de Santos.

Siguieron lloviendo encuestas, hasta las del origen que sabemos, y las cosas empeoraron. El bumerán se devolvió, implacablemente. Se hicieron todos los esfuerzos, se usaron todos los recursos, especialmente los ilícitos e indecentes que son los que a Rendón fascinan, y se desplegaron todas las formas conocidas de la comunicación, y todas las argucias del convencimiento. En vano y peor. Nada que hacer. Hasta que a don Felipe López, descompuesto y confuso, se le ocurrió los que dicen siempre los derrotados en las encuestas: que el que se equivoca es el encuestado. La realidad anda torcida, la realidad es descomedida e injusta.

La tesis de “Semana” es que resulta inaudito que andando tan bien el país camine tan mal la reelección. Nuevo error que dicta el despecho y comete la desesperación. Porque los encuestados no creen en el país de fantasía que monta el Gobierno. El país verdadero es el que cada uno vive, sin necesidad de que se lo cuenten. Y ahí radica la tragedia de esa derrotada campaña.

No hay colombiano que ignore la inseguridad que lo rodea. Desde el más importante petrolero, que se sabe acosado de terroristas por todas partes, hasta el más humilde campesino o el más elemental habitante de ciudad, que se ve rodeado de extorsionistas, asesinos, reclutadores de sus hijos, sembradores de bombas.

No hay colombiano que no se sienta aterrado por la forma como lo tratarán en el hospital, cuando tenga la mala fortuna de enfermar.No hay colombiano que le crea a las cifras del doctor Perfetti sobre empleo. No hay colombiano que piense en que un juez le resolverá su conflicto o le atenderá el más justo reclamo por sus derechos.

No hay colombiano que quiera a su país parecido a Venezuela. Luego no hay colombiano que vea impasible la receta chavista de Santos. No es asunto de complejos conceptos. Es que a nadie le gusta que le rompan la crisma si protesta en un país donde no hay una botella de leche para los niños.

No hay colombiano que admire a Santos y que lo crea buen Presidente. Como a ninguno le parece que sea bailador de salsa o saltador de lazo. En todo se raja. Lo dice el bumerán que se le vino encima y nadie ataja. El bumerán de las encuestas.

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