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¿Quién gobierna en Colombia?

¿Quién gobierna en Colombia? - 5.0 out of 5 based on 2 votes

Por: José Felix Lafaurie

No es posible que pasemos por alto el incidente de la orden presidencial de retirar el proyecto de baldíos por exigencia de las Farc. El enorme poder paralelo que opera desde La Habana es inaudito, intolerable. De buena fuente sabemos que bastó una amenaza de los narcoterroristas de levantarse de la mesa para que Sergio Jaramillo, negociador del Gobierno, diera el campanazo al Presidente Santos en pleno discurso reeleccionista. ¿Qué está pasando? ¿Acaso las Farc cogobiernan y dictan desde ahora las políticas rurales, con la anuencia del Gobierno? ¿Puede esta sociedad seguir indiferente a una realidad insoslayable, que busca perpetuar la opresión de las Farc sobre el campo colombiano?
 
Es hora de saber ¿quién nos gobierna? ¿Cuáles son los compromisos secretos adquiridos por el Presidente Santos en La Habana, que determinan su consentimiento a cuantas imposiciones plantean las Farc? ¿Si esto ocurre ahora, que el Gobierno poco le debe a las Farc, qué pasará en el hipotético caso de su reelección con el respaldo fariano –tras supuestos avances en las negociaciones– y el peligroso chantaje de la confidencialidad? Ni siquiera hubo contemplaciones para exponer al escrutinio público a los Ministros, Rubén Darío Lizarralde y Aurelio Iragorri, tras el sorpresivo trino del mandatario que dejó sin piso el proyecto de baldíos.
 
Como todo proyecto gubernamental, venía siendo concertado con Palacio y, en consecuencia, su contenido no le era desconocido. Existía la orden presidencial y la aprobación del Consejo de Ministros para radicarlo ante la Cámara de Representantes –mal haría el MinAgricultura en actuar de manera inconsulta, lo cual está descartado–. Más aún, según trascendió de boca del Ministro Lizarralde, en Junta Directiva de la SAC, la norma tenía “carácter reservado”, para evitar filtraciones que afectaran las decisiones que el Gobierno plantearía al Congreso en esta materia. Entonces ¿cómo explicar que a menos de 24 horas de dar la instrucción para presentarlo, el Presidente se retractara y luego se programara una reunión entre el Ministro Lizarralde y los negociadores del gobierno en Cuba?
 
Pero existen otras circunstancias que refuerzan el argumento de la interferencia de las Farc y descartan una "ligereza” de la cartera de Agricultura. El Gobierno no ignoraba el interés del país rural en un tema tan crítico como el de baldíos, vital para el desarrollo de la Altillanura. Una apuesta con inversiones por más de $10.000 millones de dólares, hoy en el completo limbo. Pero además, no podía obviar los cuestionamientos de la oposición y la presión de los empresarios, a propósito de la inestabilidad jurídica. Razones que lo obligaban a ser extremadamente cuidadoso en el diseño de la política. De hecho, la sensibilidad del tema había quedado demostrada con la renuncia del Embajador en Washington, Carlos Urrutia –muy cercano al Presidente– y del Ministro Francisco Estupiñán. Aunque faltó poco para que Lizarralde, también pagara el costo político de la gravísima rendición del Gobierno a las Farc.
 
Estos hechos –que no son los más inquietantes de las recientes contradicciones del Presidente– obligan a una aclaración. Tenemos derecho a saber quién está detrás del reacomodo del proyecto de baldíos o incluso del atentado contra el expresidente Uribe. Si esta administración rinde cuentas a los terroristas en La Habana y si existe una agenda de Gobierno, oculta e ilegítima concertada con los farianos, los colombianos debemos saberlo, con miras a las preferencias que elegiremos en mayo próximo. Lo más doloroso es que hayamos tenido que llegar a estas vicisitudes para que la opinión comprendiera, con evidencias, las razones por las cuales Fedegán no comulgaba ni comulga con la idea de negociar la suerte del país rural, con quienes hicieron inviable su desarrollo durante 50 años.
 
*Presidente Ejecutivo de Fedegán

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El procurador e Interbolsa

Por: Fernando Londoño Hoyos

El Procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez Maldonado, ha resuelto destituir al Superintendente Financiero, el doctor Gerardo Hernández, por cuanto a su juicio no hizo lo que le correspondía para evitar la catástrofe de Interbolsa. Y para qué les decimos, amigos. Le han llovido al Procurador rayos y centellas y al Superintendente cuantos elogios pueda recibir un alma en estos tiempos.

Conviene examinar esa unanimidad vociferante, advirtiendo que no tenemos en la mano la providencia del Procurador, en lo que vamos a la par con sus innumerables críticos.

Estará de acuerdo con nosotros, querido lector, en que Interbolsa se quebró. Estará de acuerdo en que arrastró en su caída centenares de ahorristas o inversores que depositaron su confianza en una entidad que solo merecía elogios de tirios y troyanos, y que a su respecto no se habían dado señales de que algún riesgo corrían los que llevaban su platica a tan seguro abrigo como esa corredora de bolsa prometía ser. Y estará de acuerdo en que la persona encargada de ejercer cuidado sobre esa compañía y reconocer sus riesgos y evitarlos y darlos a la luz, era precisamente, el doctor Gerardo Hernández, Superintendente Financiero.

Que el doctor Hernández no tuvo éxito en esa gestión, es cosa que no puede remitirse a duda. Dice en su defensa que los directores de Interbolsa lo engañaron, ocultando información preciosa que de conocida lo habría puesto sobre aviso.

Si quieren coincidimos en que el doctor Hernández es una exquisita persona. Que no hay sombra de duda sobre su buena fe. Que tiene larguísima trayectoria en el sector financiero y aceptemos que después de la bancarrota obró muy bien para impedir que la crisis fuera todavía peor de lo que fue. Pero el hecho es que su oficio en  la Superintendencia es vigilar las instituciones financieras y de corretaje de valores. Como Interbolsa.
Ese oficio del Doctor Hernández  consiste en darle seguridad al público que confía su dinero a entidades de esta clase. Y eso lo tiene que hacer con mano firme y ojo avizor. En otras palabras, que la tarea de ese funcionario es acertar siempre y no dejarse engañar nunca. Y se dejó engañar. Eso es lo que él mismo dice.

Y se dejó engañar por unos personajes que tenían una muy peculiar condición, la de haber sido en Interbolsa los compañeros de trabajo de su jefe directo. El Ministro de Hacienda, doctor Echeverri, venía de Interbolsa. Y de Interbolsa venían funcionarios muy destacados del mismo Ministerio, la entidad de la que depende el doctor Hernández.

No nos sumamos a los aplausos que se le tributan al doctor Gerardo Hernández. Algo le faltó. Entereza de carácter para poner en duda lo que hacían los antiguos socios o patrones de su ex jefe. O agudeza. O diligencia. O todo a la vez. Y por esa falta dejó que unos audaces pusieran en jaque el sistema de valores del país y que centenares de personas ingenuas perdieran todo lo que tenían. Nos parece que el Procurador Ordoñez ha sentado un precedente, para que los que tienen tan hermosas prendas como las del doctor Gerardo Hernández, cumplan oportunamente sus deberes. Con lo que la gente volverá a confiar en los corredores de bolsa y a invertir con tranquilidad su capital en ese tipo de empresas. Y eso no es poca cosa.

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¿Quién le teme a Álvaro Uribe?

¿Quién le teme a Álvaro Uribe? - 5.0 out of 5 based on 7 votes

Por: Fernando Londoño Hoyos

No hay cosa que nos parezca más digna de consideración que el miedo ajeno. El miedo es incontrolable, insuperable, inmanejable. Los pobres infelices que se dejan gobernar por el miedo no tienen libertad, ni son dignos, ni son razonables.

En las toldas santistas ha hecho aparición el miedo y se apoderó de esas pobres almas que no se han nutrido más que de mermelada en casi cuatro años. Y la mermelada empalaga y no nutre. De mermelada estaban ahítos los afeminados que por centenares de miles se lanzaron sobre Grecia para dominarla. Un puñado de hombre libres los echó al mar, y no volvieron nunca.

Esa sensación de pánico es la que ha lanzado al Registrador y a su Corte, los “Magistrados” del Consejo Nacional Electoral a los peores extremos de crueldad jurídica contra Uribe y el uribismo. Solo el miedo explica ese sartal de estupideces.

Un partido se identifica como le da la gana. Y de la manera más eficaz que encuentra para que el elector lo reconozca y lo siga. Pues al Partido Uribe Centro Democrático se le prohíbe que se identifique con el retrato, con la efigie y hasta con el apellido de Uribe. Y lo hacen con un argumento fantástico: el apellido y la imagen de una persona intimidan al ciudadano y rompen la igualdad con los demás partidos. De lo último diremos que el uribismo está dispuesto, sin chistar, a que el partido de la U se identifique con el retrato de Roy Barreras y de Armando Benedetti, y si lo prefieren con los dos retratos. Que el Partido Liberal engalane su eslogan con la foto de Ernesto Samper, e inclusive con la de sus dos grandes electores, los hermanos Rodríguez Orejuela. Que cambio Radical escoja entre Germán Vargas Lleras y Palacino o el Fiscal Montealegre. Y que la izquierda colombiana se decida por la foto de Fidel Castro, o la de Ortega o la de Chávez. Lo único prohibido es el uso de los símbolos patrios. Lo demás es prohibición inferida, analógica, deducida, que no existe en ningún país civilizado. La regla universal de libertad hace permitido todo lo que no está expresamente prohibido.

Para el Registrador y el Consejo, es al revés. Solo está permitido lo que a ellos les parece que debe estarlo. Criterio: su miedo a perder las elecciones. Su terror ante Álvaro Uribe y lo que el significa en la política colombiana. Por eso se atreven a decir que la foto y el apellido de Uribe intimidan al elector. Los únicos intimidados son ellos y sus barriles de mermelada a medio digerir.

Porque vale recordar aquí quiénes son esos “Magistrados”. Según nefasta norma constitucional, son representantes de los partidos mayoritarios en el Congreso. No se ha dado en la historia el caso de que un juez o magistrado sea por definición o antonomasia parcializado, para definir en Derecho las demandas contra su elector.

¿Y porqué se hacen llamar Magistrados? Porque reptando entre las curules de los congresistas, las que dependen de sus fallos, convirtieron sus posiciones de tiempo parcial y honorarios modestos, en cargos de magistrados de Altas Cortes. El día que en Colombia se estudie quién es el funcionario que más gana en relación con su trabajo, de lejos se llevan la palma.

Y tienen miedo. Mejor: tienen terror. Por eso obran como una vieja con histeria. Por eso hay que conocerlos bien, para despreciarlos mejor.

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