Mi Fuerza de Voluntad es Débil por Cristina Londoño

Llevo días dándole vueltas a este tema. Presa de miedo de que se descubra la farsa.

¿Cómo hablo de fuerza de voluntad si jamás la he tenido, o cuando aparece resulta demasiado débil?

Le doy 30 vueltas a la página, me invento un nuevo playlist para oír música mientras escribo. Decido comer algo, me siento, me paro otra vez porque dejé la luz prendida del closet. Allí encuentro mis tenis tirados, y recuerdo que debo pensar en qué ponerme para mi carrera del Sábado. Estoy inscrita para mi séptima media maratón.

Si. Empecé a correr hace poco más de dos años, en un momento en que sentí la vida a la deriva, mi salud, mis relaciones, mis sueños desvanecían. Me prometí cambiar, y de alguna manera llegué hasta aquí.  Mi Garmin, el reloj con el que hago ejercicio, dice que en  los últimos 12 meses, he corrido 975.5 millas, 1569.9 kilómetros… ¡Wow.., wow… wow! Eso claramente es voluntad, y mucha, ¿No les parece?

Caigo en cuenta de que no reconozco que tengo fuerza de voluntad, porque lo que me trajo hasta aquí no fue fuerza. No tuve que arrastrarme, no me costó ni grandes sacrificios, ni sangre, ni lágrimas…. y el sudor, lo disfruté. Quizás sea ese el primer problema con la tal “fuerza”de voluntad: pura cuestión de semántica. En inglés se le dice willpower o “poder” de voluntad. Prefiero el poder a la fuerza. Me recuerda a mi abuela, la matriarca de la familia Londoño. Mamama era chiquitita, flaquita, frágil, pero extremadamente poderosa. Logró cuanto quiso y se propuso, de los demás y de si misma, pero nunca fue a la fuerza, ella lo hacía todo con “mañita”.

Para los que no son de Manizales, Colombia, la tal “mañita” implica suavidad, paciencia, y descubrir el “truco”, o la “trampita” para lograr algo difícil. Podría compararse con la palabra mágica para salir volando, o la manera de frotar la lámpara maravillosa para que salga el genio y nos cumpla los 3 deseos.

Estoy convencida de que todos, por tristes, desviados, o perdidos que estemos, podemos encontrar en nuestra propia historia logros y triunfos. Momentos en que encontramos nuestro PODER interior, y le dimos un giro a nuestra vida. Si lo analizamos, fue más una cuestión de inspiración o de propósito que de fuerza. Nos emocionamos, pensamos más en lo que queríamos que en lo que teníamos que sacrificar para lograrlo, nos enamoramos, nos obsesionamos, y el esfuerzo no dolió, el camino valió la pena. Ese es el secreto:

“No sacrifiques lo que más quieres, por lo que quieres ya”

Les repito la frase “No sacrifiques lo que más quieres por lo que quieres ya”.

Es la raíz de cualquier triunfo, descifrar exactamente qué es lo que queremos.

Y perdonen que les diga, pero nadie sueña hacer dieta, o con tener plata sólo para llenar la cuenta del banco, o con escribir un libro simplemente por escribirlo. Detrás de esas metas estamos buscando premios más grandes, como adelgazar para sentirnos bien, disfrutar actividades que los kilos de más nos impiden, ver crecer a nuestros nietos, o ganar más plata para viajar, tener la casa en que soñamos criar a nuestras familias, o escribir un libro para conectarnos con otros seres humanos, o dejar constancia de nuestra historia. Y es precisamente de ahí, de nuestras verdaderas razones y motivaciones,  de dónde depende nuestra fuerza o poder de voluntad. Son el factor que determinan el éxito o fracaso de cualquier emprendimiento.

A continuación les comparto las mañitas que a me han funcionado.

 

Fortalece tu Poder de Voluntad

 

  1. Define tus razones y motivaciones:

¿Qué buscas, para dónde vas, qué es lo que quieres lograr?

En este paso, los ejercicios de visualización, son muy poderosos. Si logras volar con tu imaginación vete hasta la meta, descríbete lo que ves, lo que sietes, internaliza ese logro, celébralo como si ya estuviera cumplido. Antes de terminar el ejercicio, escríbete una nota, una tarjeta con lo que quieres logra, y pónla en un sitio dónde la veas mucho, donde la leas mil veces la día.

Cuándo empecé a correr de madrugada, me dejaba una nota en el espejo todas las noches a veces sólo decía “ en nombre de un día mejor”.

2. Estúdiate y diseña tu estrategia:

Ya lo he dicho en segmentos anteriores. El éxito deja huella. Viaja al pasado, revisa ocasiones en que lograste mantener la disciplina y pudiste conquistar lo que querías. ¿Qué te sirve? Un plan/programa super rígido, o uno más relajado. Trabajar sólo o como parte de un grupo o club (hoy en día en línea hay de todo y para todos). Házla interesante, y divertida. Yo por ejemplo, amo la música, me hacía listas de canciones diferentes todas las noches para correr al otro día. Empecé a salir con mis perros, y hoy día son ellos los que a gemidos me sacan de la cama de madrugada, y encontré un grupo maravilloso con el que corro largas distancias todos los sábados.

3. Celebra tus logros y perdónate las fallas:

Errar es humano. Ninguna victoria se logra sin contratiempos, son parte del camino, lo hacen interesante. Lo importante es no acomodarse en el suelo si has caído. Párate rápido, sacúdete y sigue. Y cuando no sea una caída si no una victoria, ¡A festejar se ha dicho! A los seres humanos nos encanta ganar, por eso es bueno medir, así sea en centímetros o segundos, nuestros avances personales.

4. Acostúmbrate a ganar:

En Hamlet, Shakespeare dice que la costumbre es un monstruo capaz de cambiar el sello de la naturaleza humana, que el comienzo es lo difícil. Tenía mucha razón una vez echamos la bola de nieve a rodar, lo difícil es parar.  Para mi por ejemplo, la distancia más larga y más dura era de mi cama a la puerta. Ahora me cuestan más trabajo los días como hoy en que mis entrenadores me ordenaron descanso.

5. Ojo a los enemigos:

Los mayores enemigos del poder de voluntad, son la soledad, la ira, el cansancio, el hambre y el miedo. Sentimientos o emociones que nos debilitan, y hacen que perdamos el enfoque en nuestra meta final. Una persona que ha descansado, se ha alimentado bien, está en paz consigo misma y con los demás, y se siente apoyada y querida, llega mucho más lejos.

6. ¡Amate a ti y a los demás!

Convéncete de que tú te mereces ser triunfador, y si  puedes, dedícale tu causa a algo más allá de ti. No hay motivación más noble que servirle a los demás.

Mi Maratón de Paris está dedicada a las madres adolescentes de La JuanFe.

Así mis 42 kilómetros serán cortos, y la meta más dulce aun.

¡Arriba Corazones!

Y recen por mi carrera de mañana…

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