Lo que se le ocurra, hombre

Por Fernando Londoño Hoyos

Supimos de primera mano que el que escribe los malos discursos de Santos le preguntó que debía ponerlo a decir el 20 de julio, cuando presenta su informe testamentario. Ahora estoy muy estresado para pensar en algo, le dijo Santos, pero tengo claras algunas cosas que ni se le ocurra mencionar.

No diga nada de la coca. Eso del mar del alcaloide de que habló el Procurador es una vaina. Y las 209.000 hectáreas de los gringos, peor. Mejor, cállese.

Cuidado con la hermana de la coca, o sea, la deforestación. Donde sepa el mundo lo del bosque que estamos destruyendo para tranquilizar a las FARC, nos matan.

De paso, no diga nada de los ríos. ¿No ve que los acabamos? Entre químicos para fabricar coca y la minería ilegal los dejamos convertidos en barrizales inmundos. Fuera con ese tema.

Cuidado con los oleoductos. No construí uno solo y el más importante que me dejaron lo tienen parado, a punta de bombazos, los nuevos amigos esos que me levanté. Los de ELN. No diga nada.

Ni mencione las carreteras. Ahí mismo preguntan por las terciarias, 150.000 kilómetros de trochas y no me alcanzó para dejar un solo peso para arreglarlas. No diga nada.

Ni mencione los ríos. El Magdalena queda peor que como estaba y ¡demonios! No hubo tiempo siquiera para licitar la obra.

Ya veo que van a preguntar por la carretera Cajamarca Calarcá, y la tengo en ceros. Ese maldito túnel se me quedó trabado. Por la Ruta del Sol II, uno de mis regalos para Odebrecht, me la dejó el  muy ladino, como casi todo, abandonada; igual la ruta del Sol III: no pude empezar la Mulaló Loboguerrero y la de Buga Buenaventura es un desastre; no hice nada por la que va de El Espinal a Neiva; ni por la de Villeta a Guaduas, que saca a Bogotá hacia el Río Magdalena; y se me cayeron los puentes sobre el río Purnio y el de Chirajara; y no empecé la de la soberanía, entre Arauca y el Magdalena; y la que conecta el Orinoco con el Pacífico la dejé en puro cuento. Mejor, de infraestructura no diga nada.

Y de justicia, menos. Los criminales andan en la calle y los peores estarán de congresistas, oyendo este discurso. La impunidad es como del 96% y se me olvidó construir cárceles, que las dejo en escuelas del delito y antros inmundos. No tuve tiempo para construir una sola. Mejor, no diga nada. Ah! Y el cartel de la toga, y los magistrados auxiliares, que son como los generales de Venezuela, y los que hice elegir para que persiguieran enemigos y bendijeran todo lo que se me ocurrió hacer. De eso, mejor no diga nada.

No diga mucho ni poco de economía. Porque me cayó del cielo la mayor bonanza económica de la Historia, la del petróleo, y mis amigos se la robaron toda. ¡Desconsiderados! Algo como treinta mil millones de dólares adicionales, y nada. Cuidado con recordar eso.

El crecimiento del PIB debe ser del 5%, cuando menos, y lo dejo en el 2%. Que se pongan todos a dieta y no pregunten, mejor. No diga nada de crecimiento económico, pues. Nos metemos en honduras.

Cállese lo del endeudamiento. Dupliqué la deuda pública del Estado en estos ocho años, con respecto a la que tomaron mis antecesores, desde Simón Bolívar hasta Álvaro Uribe. ¿Y qué digo? Nada. El aumento fue de diez puntos del PIB y me aseguran que eso es una barbaridad. No entiendo mucho lo del PIB. Eso de mis estudios en la London School es pura paja. Usted sabe.

Ojo con lo de las pensiones. Ese es un hueco negro, que se traga lo que pase cerca. La mayoría, no tiene nada. Y a los pocos que tienen les quité el alivio en lo que pagan por salud. Si se los recuerda, me van a odiar más. Y en pocos días, no habrá pensión para nadie. Ni para mis amigos de las Cortes. ¡Imagínese!

No tratemos lo del desempleo. El juvenil, lo dejo como el mayor de América, salvo el de Haití. El que dicen informal, es una calamidad. Es una técnica colombiana para sobrevivir. Lo que llamamos el rebusque. No hay pleno empleo sino en las zonas cocaleras.

No diga nada de la educación. Se me olvidó construir colegios. Los niños pobres solo van a la escuela medio tiempo y les enseñan poco. O nada.

Y nada de la salud. ¿No ve que dejo un déficit como de tres mil millones de dólares? Y ni un pesito para cubrirlo. No diga nada.

Entonces, ¿qué digo? Pues repita nuestras mentiras de estos 8 años y prepárese un discurso de bandera. De lo que le dije, ni una palabra.

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