Cristina sin miedo está aterrorizada por Cristina Londoño

No me importan las alturas, ni viajar en avión, no le tengo respeto a la velocidad, jamás he sentid claustrofobia. No grito si veo una araña, no le salto a las cucarachas. Aunque asquerosas, no me estremecen las ratas, y racionalmente le huyo a las culebra, pero no me hacen temblar.

He estado en manifestaciones que se han tornado violentas, he entrado a prisiones de maxima seguridad rodeada de criminales, me han roceado con gases lacrimógenos, y he estado detenida (45 minutos que se me hicieron una eternidad) por guerrilleros de ultra izquierda. Soy contestona y atrevida, tengo fama de que no me dejo de nadie, soy una “macha” me dicen mis tías favoritas, o una “berraca” según mis muy objetivas y nada parcializadas amigas del alma.

La realidad, es otra. Tengo miedo, y he vivido con miedo… o quizás algo más fuerte, un escalón antes del pánico.

Es una confesión que me cuesta, y que en sí, me da miedo hacer. Más por reconocerme a mi misma, que el obstáculo mas grande entre mis más grandes sueños ha sido nada más y nada menos que el miedo.

Y son miedos intangibles los que más daño nos hacen, y más nos paralizan. Los que mejor conozco:

*Al abandono

*Al fracaso

*Al rechazo

*A no ser suficiente

*A no hacer las cosas perfectamente bien

*A quedarse sin dinero

Y el que más me atormenta, al RIDÍCULO…

“La muerte antes que el ridículo” ha sido uno de mis lemas de cabecera durante años. Y aunque provoca risas, me ha detenido, amarrado, y se ha interpuesto en mi camino.

Esa preocupación de “Hacer el oso”, no me ha dejado escribir las novelas que tengo por dentro, ni pintar y crear mis obras… porque como “no soy ninguna Isabel Allende”, ni ningún Picasso”, me he cohibido de desarrollar esas pasiones.

Los demás no han faltado. Muchas veces el miedo al abandono, o al rechazo, me mantuvieron presa en malas relaciones, amorosas, con amigos e incluso en el trabajo. Me hicieron aguantar más de lo que habría debido, o luchar por causas que pude haber abandonado sin botarles tanto tiempo, tanta corriente, y tantas lágrimas!

Como este segmento se trata de mi preparación a la maratón de Paris…. Si, también a eso le tengo miedo… y ahí están todos incluídos. Al hacer mi meta pública, estoy expuesta a no llegar, a lesionarme, a que a nadie le importe, a llegar a gatas, a ser la más lenta… a todo y a tanto que puede pasar de aquí a el 14 de abril.

¿Una confesión más? Esta maratón es en parte un esfuerzo desesperado, por demostrarme a mi misma que puedo vencer todos esos miedos al tiempo, y dejarlos atrás al llegar a la meta.

Por eso además de entrenar corriendo y estirándome y fortaleciendo mis músculos, me he dedicado a estudiar ejercicios para fortalecerme mental y emocionalmente. Como ya les he contado antes, los expertos en maratones dicen que tarde o temprano  (al rededor de la milla 20) te empiezan a fallar las piernas, y hay que acabar la carrera con determinación y corazón. Aquí les comparto consejos que encontré sobre como enfrentar el miedo.

CÓMO ENFRENTAR EL MIEDO

1. Desenmascararlo: “Hay que nombrarlo para domarlo”. Aceptar que está ahí y agradecerle, lo más seguro es que ese miedo nos sirvió de protección en el pasado, nos alertó al peligro, nos hizo ser más cautelosos.

2.   Investigarlo y buscar inspiración. En este tiempo maravilloso de Google puedes investigar hasta qué personajes  históricos, o destacados del momento han padecido de miedos parecidos a los nuestros, y cómo los superaron. Recuerdo que el a principio de mi carrera de reportera, mis jefes me criticaron muchísimo mi voz, diciéndome incluso que nunca llegaría al aire. Mi papá me ayudo contándome que a mi abuelo, al que llamaban Pico de Oro por haber sido un gran orador, también le daba pánico antes de salir a hablar en público, y que ejercitaba su voz en el piano. Desde entonces, cada vez que he sentido nervios antes de hablar en vivo, o en público, pienso en el, y le digo “aquí vamos Papapa”.

3. Desafiarlo, dándole la razón. Aceptar que todo puede salir mal, y preguntarse:  ¿Qué es lo peor que puede pasar?

Si es algo que en realidad quieres y te apasiona, quizás nos demos cuenta que en realidad lo peor que nos puede pasar, o que nos podemos hacer a nosotros mismos, es no darnos la oportunidad de crecer, mejorar y triunfar.

4. !Lánzate! La fe es un salto al vacío, o mi otra frase de inspiración “Salta… que la red aparece! Tomar una decisión radical, que te deje poco espacio para la reversa… como hacer un segmento de radio contándole al mundo que vas a correr una maratón, dedicarla a una causa benéfica, comprar los pasajes… etc, etc. Cuando jamás has corrido una distancia similar.

5. Vivir el presente, el “ahora”.

Casi todos los miedos están proyectados hacia el futuro. Son monstruos imaginarios. En este instante estoy bien.  En mi caso, me siento saludable, mi plan de entrenamiento de la semana pasada decía correr 12 millas. Las corrí. Voy bien, estoy a tiempo. En el plan de Marzo dice que tengo que correr 20 millas, una distancia que hasta en carro me cansa, pero no es la de hoy. Hoy, en este momento voy bien. Como aconseja mi entrenador “Corre la milla en la que estás”… Si vas bien en la 7, no sufras de antemano la 9. quizás llegues y todo siga “tropical”.

Y finalmente, una reflexión que me hizo mi terapeuta cuando le conté que iba a escribir sobre el miedo;

La sensación física del miedo y de la excitación son iguales; se nos aceleran el corazón y la respiración, nos sudan las manos, estamos exaltados, temblamos con anticipación.

La gran diferencia es que cuando sentimos miedo, nos enfocamos en un solo punto negativo y peligroso y lo magnificamos…  En cambio, cuando estamos entusiasmados miramos a través de un lente abierto hacia un horizonte amplio y lleno de posibilidades.

A vencer el miedo.

¡Arriba Corazones!

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